ZAYNAB, LA PRINCESA MORA de Mª DEL CARMEN POLO SOLER


Se despoja de su velo dorado Zaynab y su pelo brilla como un broche cuajado de zafiros. Alza sus hermosos ojos castaños hacia el anciano sentado frente a ella y lo mira en silencio. El rostro de su padre, surcado de profundas arrugas, le inspira ternura, mas la dureza de sus ojos le hiela el corazón. Zaynab es culpable y ella lo sabe. Su padre no habla; Zaynab sabe que debe hablar. Y Zaynab cuenta.

Sería durante las cacerías de primavera cuando la historia comenzó. Zaynab es intrépida y goza de libertad para caminar a su antojo por las tierras del reino. Zaynab monta su caballo y caza, caza con la misma destreza que lo hace su hermano mayor Abdelasí, que su hermano pequeño Tufayil, que sus primos Ramí Al-Said y Umar Abí. Y ella sabe que su padre está orgulloso de su valentía y su pasión por la vida.

Cierto día, mientras su ama le cepilla el perfumado cabello y prende en él pequeñas peinetas cubiertas de perlas y rubíes, oye, con gesto aburrido, las recriminaciones sobre su comportamiento, “una dama de su rango no debe trotar como un hombre por campos y sierras; una princesa tiene cosas más importantes que hacer que perder el tiempo tras la caza de una pobre liebre, un zorro, un cervatillo...”.

Para hacer que se calle y no la amoneste más, Zaynab la lisonjea, “ama- dice la princesa- ama, cántame la canción de las Cuevas Embrujadas. Nadie como tú la canta, ama”. Y el ama Shariya deja de peinar el largo cabello y se queda quieta. Con un suspiro mira hacia el jardín y entona la canción que aprendió de su madre, que a su vez la aprendió de la suya, que a su vez...

‘Entre la laguna Seca
y la laguna Salada,
cubiertas por la maleza
de la Sierra del Listón,
tres cuevas hay encantadas:
la de la Luna,
la del Halcón,
y escondida en la hondonada,
la de la Sombra de Dios.
Las tres están embrujadas.
Todas malditas son.
Nadie entrará en sus entrañas
o perderá la razón.
Sólo Alá es su dueño y su señor.
Y el Profeta las resguarda
de la mirada del Sol’.

Shariya deja de cantar y vuelve a ordenar los cabellos de la princesa. “Ama, ¿están embrujadas las cuevas? ¿alguien fue y lo pudo contar?”. Zaynab no obtiene respuesta del ama y pregunta a su hermano mayor, Abdelasí. A veces han estado tan cerca de esa sierra...

Zaynab prepara su caballo y al amanecer galopa con sus hermanos, con sus primos, con otros caballeros... Zaynab cambia su rumbo sin que se percaten los demás y dirige su caballo hacia la Sierra del Listón. El sol brilla sobre los montes cubiertos de matas verdes. El olor a tomillo y a romero penetra por todos los poros de su piel. Los pájaros la acompañan en su loca carrera. Y ya está al pie de la sierra. Baja de su caballo negro y camina sobre la tierra reseca, ahuyentando, al caminar, insectos y pequeños largartos verdes. Ve la cueva de la Luna y la del Halcón, una junto a la otra, pero su vista busca la de la Sombra de Dios. Con paso cauto llega hasta la hondonada y mira la abertura excavada por el tiempo. Al penetrar en ella una voz cristalina la hace retroceder asustada. Cuando sus ojos se acostumbran a la penumbra, reconoce a la dueña de la voz, una mujer muy joven que se cubre con una túnica de plata y tiene sonrisa de diosa. Ella es Wasila, la Desterrada, “¿quién eres tú, que desafías la prohibición? Si se enteran, también serás olvidada”. “Yo soy Zaynab, Zaynab la de Granada. Al Profeta y a Alá temo, como buena musulmana, pero en la tierra, amiga mía, en la tierra yo no temo a nada”.

Y Zaynab se despide de Wasila, prometiendo verla al día siguiente, por la mañana. Durante días y semanas Zaynab siempre acude a su llamada, inflamada de un amor como nunca antes conociera. En el silencio del campo, cobijadas por la sierra, las dos jóvenes se aman, Zaynab, la de Granada y Wasila, la Desterrada.

En la noche, mientras Shariya la peina, Zaynab le pide que recite la canción de las Cuevas Encantadas, y sonríe con dulzura mientras su ama le canta. Su mente cabalga lejos, hasta la cueva embrujada, hasta la Sombra de Dios. Allí se encuentra Wasila, allí la espera el Amor.

Es su primo, Umar Abí, quien descubre su secreto y a su padre la delata. Ha transgredido las normas, ha deshonrado a su casa. El padre calla, Zaynab habla. Sabe que será castigada, mas por ser la princesa nunca será desterrada. Y el padre la lleva a una torre, donde quedará encerrada, hasta que el verano pase, hasta que el otoño y sus colores se difuminen y las lluvias den paso a las nieves que cubrirán las cumbres más altas. Zaynab se muere de pena como un pájaro en la jaula. Y es el ama quien le habla de Munnaya, la hechicera, la judía, la vieja maga Munnaya. Munnaya sabe lo que le piden y a Zaynab le prepara una poción para aliviarla de todo el mal que la acompaña. “Al anochecer la tomará y dormirá tan profundamente que a la llegada del alba se sentirá libre de toda angustia, de toda inquietud y pena”. Así se lo cuenta el ama a la princesa, y así lo hace Zaynab. Toma la poción y duerme, duerme profundamente sobre sus sábanas de seda blanca. Y en lo profundo del sueño, es un gorrión el que escapa por la enrejada ventana y vuela, vuela hacia la Sierra del Listón, hacia la cueva de la hondonada, donde Wasila ya espera la llegada de su amada. Y al posarse sobre la tierra cubierta de noche, el pájaro recobra la forma humana. Ya sólo son dos mujeres que en la oscuridad se quieren, bajo la noche estrellada: la desterrada Wasila y Zaynab, la princesa de Granada.

Mª del Carmen Polo Soler
Madrid, 26 de mayo de 2001
http://www.carmennomadas.blogspot.com .


5 comentarios:

  1. Mº del Carmen ¡qué preciosa historia la de Zaynab y Wasila!, es como aquellos romances que leía en los libros de texto de mis hermanos mayores. Aún recuerdo alguno de ellos, y es un grato recuerdo de la infancia. Precioso cuento de amor, de AMOR con mayúsculas.
    Gracias por este regalo

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  2. No sé que decir... así que te diré lo que he murmurado al acabar "joder, que bonito!!"

    (es que yo cuando pienso soy muy mal hablado)

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  3. Precioso, maricarmen, felicidades. El amor con palabras mayúsculas descrito con esa magia que te dice Charo.

    Me acuesto con la mente fresca y el alma henchida con tu texto. Gracias.
    Besos.
    Puri

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  4. Pues muchas gracias a todos :)

    un abrazo,

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  5. Es precioso.
    Yo también me he emocionado al leerlo.

    Un saludo afectuoso.

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