SABORES NOCTURNOS de EDUARDO BENITEZ TAMEZ



“Una taza de café negro con una cucharada de azúcar por favor…”




Sabores nocturnos


(Entre vapores emergentes,
una mesa a media luz)

Un trozo de papel, una imagen fugaz,
tres medias noches sin sabor,
dos de ellas acompañadas de insomnio…

(Entregado a una cama prisionera, entre sabanas que arden)

La ventana de mi cuarto, dejando entrar rayos de luz,
que sólo hacen marcar las esquinas,
las sabanas no seden, me atan a la cama,
mientras mi conciencia me recuerda olvido,
mi corazón entre latido y latido marcan el vals del adiós.

Noche madura y amanecer tardío,
¡marca destino que me extingo!.

No sopla el viento en mi cuarto,
sólo queda el calor y el vacío,
un ente ocupando espacio,
una conciencia hecha pedazos…

(Tres de la mañana)

Por fin, hago uso del peso de mis parpados,
no doy más, me voy, no estoy, solo por hoy…

Has cedido, sólo fuiste amenaza,
surgiste entre vapores emergentes de la noche,
te he escogido un rincón de mi cuarto,
un rincón tan sólo para ti.

Por fin, he comprendido que tú compañía es inevitable,
entre el viento joven del día, te digo hola y te digo adiós,
hoy estuviste, y mañana estarás…

(6 de la mañana, la inercia hace efecto y me desprendo de mi cama)

Cierro mi ventana, todo parece en calma y lugar,
el agua fresca llega como arrullo,
como aliviando mi conciencia intacta;
la cama es registro de vigilia,
con sus huellas marcadas a exposición nocturna.

Día de sueño, tardes inolvidables, noches que cobran cuenta;
con un sabor a dulce, mi paladar se desborda,
veo una sonrisa entre comillas,
pongo punto y espero coma…



¡Buenos días! Una taza de café con leche, y dos cucharadas de azúcar que en la tarde me espera…

Eduardo Benitez Tamez

2 comentarios:

  1. EL EVENTO

    Entonces mi vida se desborda, da un vuelco y me llena de energía. Una lágrima recorre mi mejilla hasta precipitarse al vacío. Mi vista se torna borrosa, paso mis dedos por mis ojos para no perderme el acontecimiento. La alegría rebosa por los poros de mi piel y contagia todo el entorno. Nos miramos a los ojos, y una dulce sonrisa florece de nuestros labios. No podemos reprimir el sentimiento, y atónitos contemplamos el hecho. La habitación se inunda de colores vivos que dan vida a nuestras caras. Me extiende su mano y yo le tiendo la mía. Paso mis dedos acariciando la palma de su mano mientras nuestra atención sigue perpleja en el evento.
    El júbilo sigue presente, y parece que no quiera marchar. Nosotros seguimos exánimes por miedo a que eso ocurra. Pasan los minutos y nos recreamos en el gran acontecimiento. Ninguno de los dos desea que llegue un final y disfrutamos segundo a segundo antes de que eso ocurra; es el primero de una larga lista de próximas alegrías, grandes ilusiones.
    Una imperceptible pausa y emprende de nuevo; un cosquilleo avanza por mis pies, aplaca mis sentidos y me estremezco al contemplar nuevamente el gozo en la cara de mi mujer. Nuestras manos se entrelazan en un sentimiento profundo y unánime mientras mi otra mano acaricia su tripa hinchada. Al compás de sus suaves movimientos persigo lo que me hace sentir el extraordinario sentimiento, de una nueva vida.
    Y ahora aquí postrado en la puerta de mi habitación, contemplo admirado a mi hijo en su moisés, como descansa plácidamente. A su lado mi mujer duerme después de una sinuosa noche de llantos. Y mientras recuerdo, sigo perplejo ante tal imagen, tal acaecimiento que se presenta ante mí proporcionándome ese cuadro de inusual lindeza, que me dan la vida.

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  2. Bellísimo. Gracias por compartirlo :)

    Saludos,

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