PANDORA


Al abrir la puerta,
-qué golpes siniestros en la noche-
estaba acurrucada como un cachorro,
que busca donde guarecerse.
Se puso en pie
y pensaste que jamás habías visto
una mujer tan hermosa.
-en realidad jamás habías visto una mujer-

Algo se despertó en tu ser.
Con un gesto- apenas hacen
falta palabras- le ofreciste
tu casa, tu lecho y el fuego del hogar.
Esa misma noche
te abrió su cuerpo y con él
todos los dones de los dioses.

(c) CHARO BOLIVAR 2009

En el tejado


La luna brilla en la inmensidad de mi soledad, sentada en mi tejado espero a la musa que me abandonó una triste y oscura noche.
Muevo mi mirada felina de un lado para otro tratando de encontrarla. Maúllo a la luna cual lobo, esperando que oiga mi llamada.
Los días, semanas e incluso años pasaron, pero ella no aparecía.
Oscuridad tan solo, abandonada a mi suerte esperando una luz que me iluminara en el camino, que me ayudara a relatar las noches de soledad en el tejado.
Me sentí sola, abatida por la tristeza de no poder escribir en el lienzo en blanco. Palabras sueltas y sin sentido. Nada.
Inútil, triste y sola noche tras noche, primero segundos, luego minutos y horas. El tiempo transcurre sin esperar por mi. Al final me bajo del tejado, abandono la luna grande a su suerte, ya no puedo esperar más por ella, me estoy consumiendo poco a poco en su espera triste y larga.
Al bajar vuelvo a notar la hierba fresca entre mis dedos, esa sensación olvidada durante años, el olor de la noche, la brisa, la luz de la luna entre las flores. La felicidad me inunda de nuevo, vuelven los buenos recuerdos y fluye todo otra vez. Me lleno de energía, de fuerza, de vitalidad.
Y la veo al final del camino, mi musa abandonada.
Solo tenía que bajar del tejado, tan solo eso.

Nota. Espero que este mini relato sea el comienzo de mi vuelta por el Café literario que tanto tiempo he abandonado. Solo pido perdón por mi ausencia y espero me volváis a recibir con vuestros brazos abiertos. Un beso muy grande para todos/as las que hacen posible Café literario.

EL ESCRITOR

El Escritor había leído de todo en su vida, desde aquella literatura pagana a la religiosa, aquella que revolvía las tripas y aquella dulzona que hacía vomitar; libros rojos, amarillos, verdes, prohibidos y por prohibir. Desde esa perspectiva, el Escritor había elaborado un pensamiento en el que se sentía capaz de juzgar, critica o alabar todo aquello que concernía a una sociedad que iba envejeciendo de una manera anodina.

Y un buen día, el Escritor se decidió a escribir. Primero recordó su infancia, y escribió sobre como su padre le daba palizas porque venía borracho después de trabajar todo el día en la fábrica, de cómo su madre aguantaba sin quejarse cualquier contratiempo que la vida le ponía por delante, de sus hermanos muertos y de los vivos, de las calles en las que vivía todo el día y donde aprendía que la vida era sobrevivir y que solo sobrevivían los más fuertes. Envió sus manuscritos a todas las editoriales infantiles del país y se la devolvieron dando una mala excusa; los niños no podían leer esas atrocidades. A los niños no se les podía hablar de padres que decían mentiras, de madres que nunca se rebelaban, de guerra, hambre, muerte o miseria. A los niños había que educarlos en un sinsentido en el que solo existían los cuentos de hadas y unos padres y maestros bondadosos que velaban por ellos. El Escritor se dio cuenta de que nunca había sido niño.

Cuando recordó su adolescencia, empezó a escribir sobre luchas en la universidad, sobre manifestaciones contra el Estado y la Iglesia, persecuciones de policías que mataban a gente en comisarias a fuerza de tortura, gente que callaba lo que no se podía gritar. Y sus libros le fueron devueltos por reaccionarios, no se podía arremeter contra el Estado, porque el Estado somos todos, la Iglesia velaba por la bondad porque basaba sus teorías en los sacramentes de Jesuscristo, la policía se encargaba de velar por el orden y era mejor olvidar todo lo que había ocurrido porque remover el pasado podía traer confrontaciones innecesarias. Y entonces empezó a preguntarse dónde había quedado su adolescencia.

El Escritor iba haciéndose mayor, y entonces decidió escribir sobre la gente de su entorno. Los que se resignaban, los que firmaban su hipoteca de por vida y se ataban a unos pagos que le privaban de vivir, los amigos del alma que siempre estarían al lado de sus amigos del alma y que un buen día, por hache o por be, se daban de lado, los que no podían pagar los plazos de la tele, del coche o del ultimo viaje a Galicia. Consiguió que una pequeña editorial de una pequeño barrio le publicara un libro que sus amigos compraron con ansiedad y quisieron tener una dedicatoria de aquel famoso escritor que por fin había publicado un libro. Pero entonces, uno a uno, sus amigos dejaron de hablarle, porque se sentían identificados con alguno de aquellos míseros personajes que vivían para enriquecer las arcas de bancos y empresas privadas. El Escritor empezó a dudar si alguna vez había tenido amigos.

Y el Escritor dejó de escribir, de mostrar lo que pensaba porque durante el transcurso de su vida se había dado cuenta de que a nadie le importaba lo que él pensaba. Y francamente, aprendió que a él le importaba una mierda lo que pensara el resto de la gente

UN SENCILLO HOMENAJE A ORLANDO ZAPATA

A vuelapluma, un sencillo homenaje a un hombre
que aun no ha sido sepultado,
y quien falleciò en una prisiòn cubana,
despuès de una larguìsima huelga de hambre



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A ORLANDO ZAPATA
albañil, cubano, negro...
màrtir


Orlando Zapata, un hombre
parado sobre sus pies
con la cabeza muy alta
se enfrentò a la estupidez
pagando con propia vida
desacatos a Fidel

Por disidente fue preso
y condenado a tres años
pero por sus pantalones
aumentaron su proceso

Torturado y perseguido
aun dentro de prisiòn
mas de 80 dìas de hambre
lo llevan al panteón

Castro y su desfachatez
que no hay presos de conciencia
cuando aun del dos mil tres
le quedan mas de cincuenta

Esos viejos carcamales
que cuando salen afuera
los dejan dar opinión
y que hablan sin bozales

En la cuba de Martì
el poeta libertario
se atreven a condenar
a quien piense lo contrario
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Y hasta con prisiòn castigan
o lo que les toque en suerte
a los cubanos que ”piensan”
y no gritan patria o muerte

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Book & Candle Comments
descanse en paz...

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ADELFA MARTÌN

¡YA BASTA!




¡YA BASTA!

Hasta cuando sangrarán las manos
Y se romperán los dedos encallecidos
El silencio no puede continuar

Revolver la basura buscando sustento
Peleando su tajada con los depredadores

El juguete roto que alguien desechó
El camioncito de caja de cartón
El paisaje sin escuelas
Los parques ajenos y lejanos
Las pelotas parchadas

Tal vez ellos si alcen la voz
Si se enardezcan y exijan
Ellos si abrieron los ojos
Y conocieron la solidaridad

Los derechos ya no serán pisoteados
No se venderá a las niñas por hambre
Ni existirà el tràfico de humanos
De los sin patria, invisibles

Los indiferentes mirarán a su alrededor
Los traidores cobijarán a sus hijos
Ha llegado el día del ¡ya basta!

Hoy cantó el cristofué, temprano
Presintiendo, anunciando…

La paciencia ha dejado de existir
Fue devorada por la dignidad




ADELFA MARTÌN

MI UTOPÌA



Mi utopía


¿Será aquello que veo en lontananza
reflejada en un mar de quieta calma
la dulce luz que habla de esperanza
o la luna regalándonos su alma?

O tal vez seas tú mi bien amado
que suavemente me envías el consuelo
de un mensaje de amor así de alado
surcando el quieto azur de mi desvelo

La pacífica noche que enamora
en agua que asemeja un dulce lago
me anima a que espere que la aurora
me conceda ciertos dones de regalo

Uno de ellos, deseado con más ansia
es la PAZ para siempre concedida.
El segundo, y el que espero muy confiada:
que el AMOR sea engendrado con la vida


ADELFA MARTÌN

CALIOPE, LA DE LA BELLA VOZ

A Rosa María, la mujer más valiente que he conocido. Mi Caliope.



Sólo hay que pensar que para una persona cantar puede ser lo más dulce del mundo. Y hacer de la música una parte importante de la vida, puede ser el complemento perfecto. A Caliope le gusta cantar, aunque su voz cada día se vaya apagando un poquito más. Pero su imagen, lanzando al aire sus notas afinadas, fuertes y seguras están presentes. No quiero pensar que se va y ya está. No quiero que los dioses me priven de escuchar su sonrisa, ni quiero resignarme al recuerdo.

Caliope me mira, desde su nube dorada, me sonríe como tantas veces y me ofrece su mano para subir al cielo, "Hay que dejarse llevar". La vida es caprichosa, los dioses juegan con nosotros a su antojo y nos dan y nos quitan como motas de polvo que somos. Los dioses crueles que piensan que su superioridad les dio poder para acortar nuestra felicidad en la tierra, y envidiosos intentan privarnos de lo más preciado. Los dioses, infelices, incapaces de buscar entre sus pensamientos algo tan bello como Caliope.

Caliope, quieres marchar, me dijiste ayer. Pero no te vayas, por favor. Necesitamos de tu voz, necesitamos de tu sonrisa, deja un hilo de luz que nos alumbre. Después, juega a ser como ellos y enseñales lo que es la bondad y la belleza. Eleva tu canto para que sus corazones se quiebren en la emoción de saber que cantar puede hacer de una simple mujer, una musa.

Es este un lugar de encuentro de artistas, literatos y poetas de la imagen de aquellos cafés donde se reunían para exponer sus obras a sus compañeros y que ellos fuesen los primeros en valorarlas.

Si quereis participar en este Café Literario enviadme un mail y las publicaré aquí haciendo mención de vuestro nombre y vuestro sitio web. Espero que os animeis.